En la conferencia del pasado 3 de diciembre, el señor Presidente de la República afirmó que un “tipo de cambio sobrevaluado” hace que los “exportadores de banano y piña reciban más plata”, como si se tratara de los únicos sectores generadores de divisas en el país. Esta apreciación del señor presidente no es del todo correcta, por cuanto primero que todo, los sectores de banano y piña, son dos sectores productivos, que están incluidos y/o son parte del “Régimen Definitivo”, donde también están incluidas otra serie de actividades de la economía costarricense, que también generan “dólares”.
El siguiente detalle, muestra como están divididos en el Ministerio de Comercio Exterior (Comex), los diferentes modelos económicos existentes, que según sean su actividad y/o tipo de operaciones comerciales, son las que le generan al país (BCCR/Ministerio de Hacienda) los dólares necesarios para que el país atienda los presupuestos ordinarios y extraordinarios.
Las fuentes generadoras de los dólares que le ingresan a la economía del país, refleja con claridad, que no sólo bananeros y piñeros reciben más plata cuando el tipo de cambio se revaluado, como lo mencionó el señor presidente, ya que el mismo efecto se da con las empresas que están dentro de cada uno de los siguientes sectores:
- Empresas del Régimen de Zona Franca
- Empresas del Régimen Definitivo
- Empresas de Perfeccionamiento Activo
- Sector Turismo
- Inversión Extranjera Directa (IED)
- Remesas del exterior
- Servicios profesionales y de tecnología (incluyendo servicios compartidos)
- Servicios de transporte, telecomunicaciones y otros
- Venta de bienes y servicios locales denominados en dólares
Por lo expuesto, reducir el análisis del tipo de cambio únicamente a dos actividades agroexportadoras además de incorrecto e impreciso pareciera que es poca la claridad que existe de las diferentes estructuras que tiene Comex para el ingreso de dólares que llegan al país, por lo tanto, un tipo de cambio sobreapreciado (utizando el mismo concepto) si afecta a quienes producen los dólares y luego los deben convertirlos a colones para atender los costos de la producción de bienes y servicios que se exportan, situación muy diferente, para los importadores de bienes y servicios, para los que tienen operaciones en dólares y sus ingresos los reciben en colones y/o el mismo gobierno para atender el pago de la deuda e intereses.
Esta apreciación en aquellos casos que es utilizada para la importación principalmente de productos vegetales y cereales de nuestra canasta básica como papa, cebolla, arroz, etc., si produce efectos negativos a productores del agro del país, porque desestimula la producción nacional y la generación de empleo, situación que se ha venido dando en los últimos meses en el Sector agropecuario y que tiene al Sector con resultados negativos según lo demuestra el Indice Mensual de Actividad Agropecuaria (IMAGRO), publicado por el BCCR.
Veamos con un ejemplo los efectos de la apreciación. El tipo de cambio promedio del día 11/12/25 para la compra en ventanilla fue de ₡488.33/dólar, tipo de cambio muy similar al que tuvimos en octubre del 2005, que según datos del BCCR fue de ₡488,64/dólar. Tomando estos tipos de cambio, veamos como sus efectos se reflejan en el Sector Agroexportador.. En el 2005 el salario promedio mensual para un Peón Agrícola (Decreto No.32455 del 21/06/2005) fue de ₡125.556.00 ($256.95) y hoy ese mismo salario mensual promedio para el Peón Agrícola es de ₡345.977.00 ($708.49), (Decreto No.44756-MTSS del 01/01/2025). Esto le ha generado al Productor un incremento en sus costos de producción del 175,56%, (Nota: en ambos casos los salarios aquí indicados no incluyen las cargas sociales).
Además, y no menos importante, indicar que los sectores productivos están enfrentando estos resultados producto de las políticas cambiarias del BCCR de los últimos 3 años, y el país no ha cambiado ni su modelo económico ni productivo que justifique la apreciación de casi 28% que se está viviendo producto de las políticas cambiarias del BCCR. Aun así, las empresas especialmente las del Régimen Definitivo, donde se ubican las empresas productoras de banano y piña continúan haciendo enormes esfuerzos por mantener sus operaciones productivas, generando empleo y manteniendo la competitividad.
También y para estimular el esfuerzo que se ha venido haciendo en el sector productivo, nos ha tocado escuchar expresiones y quizás no expresiones sino ocurrencias, de quienes debiéramos estar recibiendo apoyo, que en vez de ser esperanzadoras han sido desmotivadoras, por el fondo y significado de las mismas. Estas expresiones han sido:
Si no les sirve el tipo de cambio, cambien de actividad.
O la afirmación reciente de la jefa de la fracción oficialista de la Asamblea Legislativa:
Que ella se acordaba desde niña que en todas las faldas del Irazú se sembraba trigo y habían grandes extensiones y se sacaba la harina para hacer el pan”
En ambos casos, y por la complejidad de la producción agropecuaria y que esta no es un asunto de nostalgia y/o de desconocimiento, sino de costos, producción, tecnología y productividad, importante también es que las autoridades de gobierno eleven el nivel del debate económico para evitar simplificaciones que invisibilizan la complejidad del sector productivo nacional y en especial al Sector Agropecuario.
Banano y piña: motores de empleo, inversión y estabilidad social
Tanto el banano como la piña son actividades que surgieron y crecieron gracias a una combinación de inversión extranjera y local, con acceso a financiamiento de la banca estatal y privada.
Ambas generan:
- Cerca de 300.000 empleos directos e indirectos,
- Encadenamientos productivos que sostienen a cientos de empresas pequeñas y medianas,
- Aporte determinante para la seguridad social,
- Liderazgo internacional: Costa Rica es el principal exportador de piña fresca del mundo.
En el caso del banano, la producción comercial inició en la década de 1870; en el caso de la piña, las exportaciones se consolidaron desde los años 80. Ambas actividades se han convertido en pilares económicos y sociales del país.
Por estas razones, no resulta razonable afirmar que el tipo de cambio sobrevaluado haga que los exportadores de banano y piña reciban más plata, al contrario sólo basta revisar con el ejemplo arriba explicado, que hoy se liquidan (Ingresos) producto de las exportaciones a un tipo de cambio fijado por el BCCR para estos sectores de ₡488.33/dólar contrario, que era el mismo tipo de cambio similar al que tuvimos en octubre del 2005, con la diferencia que los costos de producción son los diciembre del 2025, lo cual compromete la competitividad, limita nuevas inversiones y pone en riesgo el empleo formal.
El debate no es político: es técnico, económico y urgente
El país requiere una discusión seria, basada en datos, que reconozca lo siguiente:
- El tipo de cambio impacta a todo el aparato productivo, no solo a dos sectores.
- Costa Rica necesita condiciones equilibradas para competir internacionalmente.
Las decisiones del BCCR deben considerar no solo la inflación, sino también la producción, el empleo, la sostenibilidad social y la estabilidad del aparato productivo tanto de corto como de largo plazo, así como la competitividad de los sectores cuyas exportaciones van a los mercados internacionales, máxime que no estamos solos.
El bienestar nacional depende de un ecosistema productivo sano, competitivo y alineado con la realidad nacional e internacional.
El país no puede darse el lujo de seguir simplificando un tema tan determinante como es el tipo de cambio. Las actividades agroexportadoras —incluyendo banano y piña— son parte esencial de la economía costarricense, generadoras de empleo, divisas y bienestar social, porque un tipo de cambio artificialmente apreciado en el largo plazo es más el impacto negativo que causa al gobierno, a las empresas, a la a los sectores productivos, a la población, y al final de la jornada, todos perdemos.
Costa Rica necesita una política cambiaria que reconozca esta realidad y que apoye a quienes sostienen el empleo, la inversión, la educación y la salud, así como el desarrollo y fortalecimiento de nuestras comunidades.