Jorge Rodríguez. La lucha contra Fusarium entra en una fase de investigación genética y biológica en Perú. El Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA) presentó los avances de un proyecto que busca desarrollar un sistema de alerta y estrategias de mitigación biológica frente a Fusarium oxysporum f. sp. cubense, hongo que provoca la marchitez del banano y el plátano. La investigación ya produjo líneas mutantes inducidas por radiación gamma y puso bajo evaluación las accesiones conservadas en el banco de germoplasma del INIA para identificar materiales con potencial tolerancia.
El proyecto reúne a instituciones científicas peruanas y japonesas y cuenta con financiamiento de SATREPS, iniciativa de cooperación científica que articula investigación aplicada con desafíos de desarrollo sostenible. Sus resultados podrían abrir nuevas alternativas para proteger la producción frente a una enfermedad capaz de comprometer plantaciones enteras.
LA BATALLA COMIENZA EN EL MATERIAL GENÉTICO
Una de las líneas de trabajo más prometedoras consiste en generar mutantes de banano mediante radiación gamma. La técnica busca provocar cambios controlados en el material genético para obtener nuevas características que luego puedan ser evaluadas. No significa crear directamente una variedad resistente, sino ampliar las posibilidades de encontrar plantas que respondan mejor frente al Fusarium.
El INIA ya cuenta con líneas mutantes (banano resistente) que serán sometidas a evaluación. Paralelamente, los investigadores analizan accesiones de su colección de germoplasma de banano y plátano. Una colección de germoplasma funciona como una reserva de diversidad genética: conserva distintos materiales vegetales que pueden utilizarse para investigación, mejoramiento y selección de características de interés.
En este caso, los científicos buscan identificar plantas que presenten tolerancia al patógeno. Encontrar ese comportamiento permitiría seleccionar materiales con mejores posibilidades de sobrevivir o mantener su productividad frente a la enfermedad.
Para sostener los ensayos, el INIA implementó una caseta climática y un invernadero. Estos ambientes permiten controlar determinadas condiciones de temperatura y humedad, reduciendo las variaciones externas que pueden alterar los resultados de una evaluación.
UNA RED CIENTÍFICA CONTRA EL HONGO
La investigación no se limita al trabajo del INIA. El proyecto se desarrolla mediante un acuerdo colaborativo entre el INIA, la Universidad Nacional Agraria La Molina y la Universidad Nacional Agraria de la Selva, junto con la Universidad de Agricultura y Tecnología de Tokio (TUAT), la Universidad de Tottori y el Centro Internacional de Investigación de Ciencias Agrícolas de Japón (JIRCAS).
Los avances fueron presentados durante una reunión técnica organizada en Lima por la Agencia Japonesa de Ciencia y Tecnología (JST) y la Agencia Japonesa de Cooperación Internacional (JICA).
El presidente ejecutivo del INIA, Christian Barrantes Bravo, destacó que la investigación busca fortalecer tecnologías capaces de conservar la calidad y productividad del cultivo frente a enfermedades.
“Buscamos fortalecer la investigación y la innovación agraria, generando soluciones que contribuyan a una agricultura más productiva, competitiva, resiliente y sostenible”, sostuvo.
La palabra alerta adquiere especial importancia en este proyecto. Detectar oportunamente la presencia o evolución de una enfermedad permite actuar antes de que alcance una escala mayor. En el caso de Fusarium, la prevención resulta particularmente relevante porque el hongo puede persistir en el suelo y dificultar la recuperación de áreas afectadas.
PROTEGER PRODUCCIÓN Y MERCADOS
El desafío tiene una dimensión que supera el campo experimental. El banano sostiene ingresos de miles de productores y forma parte de las cadenas comerciales destinadas tanto al mercado interno como a la exportación. Una enfermedad de alto impacto puede elevar los costos de producción, reducir rendimientos y limitar las posibilidades de utilizar determinadas áreas.
Por eso, encontrar materiales con tolerancia a Fusarium tendría un valor económico importante. Una planta capaz de soportar mejor la enfermedad puede reducir pérdidas y contribuir a mantener la continuidad productiva. Sin embargo, los avances actuales corresponden todavía a una etapa de investigación y evaluación; la identificación de líneas prometedoras no equivale aún a disponer de una nueva variedad comercial.
Barrantes Bravo también subrayó que el problema requiere cooperación entre instituciones. “Es fundamental continuar fortaleciendo la articulación entre la academia, los centros de investigación y la cooperación internacional y las organizaciones de productores para desarrollar una agricultura competitiva y resiliente”, afirmó.
Ese vínculo será determinante para llevar los resultados del laboratorio hacia las parcelas. La investigación genética, los sistemas de alerta, el control biológico y la participación de los productores deberán converger para construir una estrategia capaz de contener una amenaza que no distingue fronteras.
El proyecto SATREPS coloca así a Perú en una ruta de investigación que combina diversidad genética, biotecnología, vigilancia sanitaria y cooperación internacional. El objetivo final es concreto: que el banano tenga más herramientas para enfrentar al Fusarium y que la producción pueda sostenerse con mayor seguridad frente a una de las enfermedades que más presión ejerce sobre este cultivo.
Fuente:https://revistalombriz.com.pe/inia-radiacion-gamma-banano-resistente/